lunes, 3 de agosto de 2015

"Cuida lo que dices"

Texto Proverbios 13:3 y Proverbios 6:2

¿Qué es maldecir? Es decir MAL, hablar mal de alguien o de nosotros mismos. En este sentido tenemos que tener muchísimo cuidado con lo que decimos, en el hogar es donde se originan las más grandes bendiciones o maldiciones que pesan sobre la vida de una persona.                                     

¿Podemos estar auto maldiciéndonos sin darnos cuenta?  Debemos ser muy cuidadosos con lo que hablamos de NOSOTROS MISMOS. Todo lo que establecemos sobre nuestras vidas lo recibiremos, todo lo que decimos lo recibiremos, todo lo que anunciamos lo veremos acontecer.

Si usted declara que:

-Nunca le alcanzara el sueldo,  así será.    

-Voy a volverme loco/a,  así será.

-Nunca se va a curar de su enfermedad,  así será.

-Nadie me tiene en cuenta,  así será.  

-Ninguno de mis hijos me ama,  así será.

Por estas palabras, sin darse cuenta trae sobre sí la auto maldición. Esto expone el cuidado que debemos tener de las palabras que hablamos acerca de nosotros.  Las palabras: son como el bumerang que viene volando hacia atrás para regresar al que la ha hablado sea bueno o malo.

Texto  Mateo 12:36-37   Jesús nos da una advertencia solemne acerca del peligro de las palabras habladas descuidadamente.  A menudo, cuando una persona dice algo necio o negativo acerca de sí mismo, se excusa diciendo: "No estaba hablando en serio".  Las palabras de este tipo que no fueron habladas en serio, Jesús nos advierte del efecto de ellas.   El enemigo no desaprovecha la oportunidad.

Es muy interesante que en los hogares donde abundan las palabras sucias, las groserías, maldiciones, griterías, maledicencias, también abundan LAS ENFERMEDADES y LA POBREZA.

Veamos un ejemplo trágico de una maldición auto-impuesta en:                        

Texto Mateo 27:20-26  Contra su buen juicio, Pilato consciente soltar a un asesino, Barrabás, y sentenciar a Jesús la muerte en su lugar. Para librarse de este acto, él se lava las manos delante de la muchedumbre y dice:  "Soy inocente de la sangre de este hombre justo".   La muchedumbre respondió: "Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos."  

Estas palabras combinaron dos formas de maldición: una maldición auto-impuesta y una maldición sobre sus descendientes. La historia confirma que ambas maldiciones les alcanzaron.  En no menos de una generación, el ejército de Roma destruyo Jerusalén, dio muerte y vendió como esclavos a toda la población. Desde aquel tiempo, por XX siglos, tuvo el sufrimiento por la maldición auto-impuesta. Cuando Dios llamó a Abraham, él puso una maldición sobre los que maldijeron a él o a sus hijos. Dios lo hizo para proteger a Abraham. Dios pudo proteger a Israel contra las maldiciones pronunciadas por otros, pero hubo una maldición del cual El no pudiera protegerlas. Dios no pudo con las  maldiciones que pronunciaron ellos sobre sí mismos.


Lo mismo se aplica hoy a los cristianos, quienes han llegado a ser herederos de la Bendición de Abraham por el nuevo pacto iniciado por Jesús.  Incluido en las provisiones del pacto es el derecho de invocar la protección de Dios contra las maldiciones que proceden de fuentes externas. Dios no puede proveer protección para las maldiciones que los Cristianos pronuncian o auto imponen sobre sí mismos. Por hablar palabras negativas de la células, familias, iglesia, ministerio, coordinación, país y aun en sí mismos, nos separamos de las bendiciones de Dios y nos exponen a las maldiciones, que son como un lazo.. 

Las palabras habladas por cada uno, sobre sí mismos, determinaran su destino.

Texto Números 14:28 Los que dijeron que no podían entrar en la tierra, no entraron.

Texto Números 13:30 Josué y Caleb determinaron su destino por su confesión: Ellos si entraron en su bendición, porque creyeron y lo declararon.

Aquí les daremos una lista de palabras mal dichas que nos pueden estar atando: identifique para que renuncie.

"Estoy volviéndome loco".       

"No puedo aguantar más esta situación".

"Este territorio es duro, muy duro".

"Esto de la visión es muy difícil".

"Los  virus, yo los agarro ".

"Yo sabía que habría problemas adelante..."

"Yo creo que nunca voy a concebir".

"Mi familia no quiere nada con el Señor".

"Sabía que mi se iba a ir con otra mujer".

" Peleamos como perro y gato".

"No gano lo bastante para diezmar".

"Yo no tengo tiempo para ir a la célula".

"Esto siempre pasa conmigo una y otra vez".

"Yo no sirvo para esto".

"En la iglesia nadie me toma en cuenta".

"Siempre que gano alguien se me va".

"Yo un líder, ja ja ja.. Eso es un cuento chino".

"A mí me cuesta orar".

"La Célula siempre se me cae, la veo seca".

"La gente no quiere compromiso".

"Este año no me voy a multiplicar" "No se discipular, no me gusta consolidar"

La gente usa este tipo de lenguaje inconsciente está invitando a espíritus malos para tomar control de su vida y la de las personas de alrededor. El tipo del espíritu que responde a la maldición es determinado por el lenguaje usado.   

Texto Proverbios 12:18       Piense y respóndase:                             


¿Cuántos problemas nos podríamos haber ahorrado y aun nos podemos evitar si aprendemos a hablar con sabiduría y prudencia?

¿Cómo rompemos las maldiciones impuestas? Para ser librados de la trampa de una mala confesión. Hay tres pasos sucesivos: Arrepentir - Revocar - Reemplazar. Primero, debemos reconocer que hemos hecho una declaración equivocada y arrepentirnos. Segundo, debemos revocarla, esto quiere decir, que debemos cancelar y/o desecharla. Tercero, debemos reemplazar la declaración o confesión con la correcta. Estos tres pasos tomados en fe puede librarnos de la trampa.    

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