Responsabilidad del creyente
Por: Helmut Schatte
(Puerto La Cruz , Venezuela)
El mundo enfrenta cambios drásticos en leyes que tocan
valores morales; por ejemplo, el matrimonio entre personas del mismo sexo, su
derecho posterior a adoptar hijos, al uso libre de drogas alucinógenas, el aborto,
etc., lo que posteriormente desatará toda una catarata de exigencias de "derechos";
por ejemplo, de los aficionados a la pedofilia, la brujería o cualquier otra
práctica hoy vetada. Quienes declaramos seguir a Cristo no podemos permanecer
callados.
La política es una actividad inevitable consustancial
para que una sociedad humana civilizada pueda funcionar en paz y armonía,
compuesta por hombres imperfectos sujetos a todo tipo de tentaciones, muy en
especial entre las que se presentan en posiciones de poder, sean estas
económicas, políticas o de la fuerza de las armas, donde cada cristiano debe
cumplir con sus deberes ciudadanos (Romanos
13:14), pero sin olvidar lo establecido en (Hechos 5:29): "Es preciso obedecer primero a Dios que a
los hombres".
Históricamente se ha intentado infructuosamente
delinear ideologías para regular las actividades de gobierno, en su
organización, en busca de paz, justicia, orden y bienestar humano. Hoy estamos
llegando al límite del ámbito humano para entrar en territorio abiertamente
contrapuesto a la jurisdicción establecida por el Dios Creador.
Algunas de las recomendaciones del evento: Exhorta a
los creyentes que deseen incursionar en política a prepararse con esmero, tanto
en conocimientos técnicos como en los valores cristianos implicados, ya que
dicha actividad, por su complejidad, trascendencia y responsabilidad en su
ejercicio, involucra valores absolutos del comportamiento personal.
Exhorta a los pastores y líderes de la Iglesia a respetar su
papel de atalayas para preservar la pureza doctrinal, enmarcado dentro de las
Escrituras en el ejercicio político; a no usar el púlpito para el proselitismo
político, a mantener la conducta cristiana siempre alejadas de transacciones de
interés personal, ni mediante pactos, prebendas o cualquier acuerdo político
que pretenda justificar el establecimiento de políticas supuestas a construir
"aquí y ahora" el Reino de Dios.
Por último, se convoca a todo el pueblo de Dios en
Venezuela a mantener un ruego constante ante Dios, por sabiduría para nuestras
autoridades civiles, gubernamentales, militares, familiares y eclesiales y por
la paz en Venezuela. En tanto esperamos
el retorno glorioso de Jesucristo, nuestro bendito Señor y Salvador. Cristiano clandestino, obsecuente y cobarde,
lo que gana es el infierno.

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