martes, 11 de agosto de 2015

La Fuerza para Vivir

La Fuerza para Vivir
(El paso inicial)

Existe probablemente mayor seguridad sobre lo que más nos importa en el mundo, que sobre ninguna otra cosa.  Pero vamos por partes.  Si interrogas al azar a cien personas sobre temas políticos, económicos o sobre la contaminación, seguramente obtendrás de la mayoría de ellas respuestas satisfactorias.

Pero pregúntales a las mismas cien personas “Cuando se muera, ¿irá usted al cielo?” Y seguramente la gran mayoría te contestará en una forma más o menos incierta: “No sé”, “Espero que así sea”, “No tengo la menor idea”, “No estoy seguro”.

Muchas de estas mismas personas te dirán que creen en Jesucristo y que creen que hay un Cielo.  Pero no saben nada acerca de si Irán o no a él cuando mueran.

¿CUÁL SERÍA TU RESPUESTA?

La mayoría de nosotros sabemos perfectamente si trabajamos o no, y si estamos o no estamos casados.  Sin embargo, no sabemos nada acerca de nuestra vida eterna.

La mayor parte de los que viajan saben con precisión cuál es su destino. Pero pregúntales cuál es el lugar de su destino final – aquél en donde van a vivir para siempre- y no sabrán qué contestarte.

Esta incertidumbre proviene de un falso concepto acerca de la vida eterna prometida y de nuestra idea del Cielo.  Si ahora les preguntas a personas normales y corrientes sobre lo que se debe hacer para alcanzar la vida eterna, su respuesta incluirá probablemente uno o más de los aspectos siguientes:

  • Vivir como Dios manda.
  • Obedecer los Diez Mandamientos.
  • Pertenecer a la Iglesia y ser un buen practicante.
  • Amar a tu prójimo.
  • Estar bautizado y/o confirmado.
  • Seguir las enseñanzas y el ejemplo de Cristo.


Desde luego, todo esto representa algo que el hombre hace o debe tratar de hacer.  Sus respuestas reflejan la idea popular de que la vida eterna es un premio a ganarse.

Pero la Biblia afirma claramente que nosotros no podemos ganar o conquistar nuestra entrada al Cielo.  La vida eterna no es un premio por lo que hayamos hecho o tratado de hacer, es un regalo gratuito.  “Porque si bien el pago del pecado es la muerte, el regalo que nos da Dios es la vida eterna a través de Jesucristo nuestro Señor” (Romanos 6:23).

Es por su gracia mediante la fe en Cristo que vosotros sois salvados, y no por nada que hayáis hecho.  La salvación es un don de Dios y no se obtiene haciendo el bien, porque si así fuera tendríamos en qué gloriarnos” (Efesios 2:8-9).

Mientras nosotros creamos que debemos ganar nuestro camino hacia la presencia de Dios, nunca podremos estar seguros de haber hecho lo suficiente para merecer el Cielo.  La mayoría de nosotros somos conscientes de no ser suficientemente buenos si se nos mide por las perfectas normas de Dios.  Y para nosotros, decir “yo sé que voy al Cielo”, parecería el colmo del orgullo y la jactancia, si hemos de ganarnos el  Cielo con nuestras acciones.


LA ÚNICA RESPUESTA SEGURA

La Biblia, sin embargo, nos enseña que nosotros no podemos ser lo suficientemente buenos, que no podemos ganarnos nuestro camino al Cielo y además, ¡que no necesitamos hacerlo! En lugar de esto, debemos ser conscientes de que Jesucristo nos ha abierto el camino al Cielo.  No importa que seamos malos, cualquiera de nosotros puede aspirar a él.

La Biblia dice: …nadie puede alcanzar el favor de Dios por ser lo suficientemente bueno.  Porque mientras mejor conocemos la ley de Dios, más nos damos cuenta de  que no la obedecemos; la ley nos hace vernos pecadores.  Pero Dios nos ha mostrado ahora una nueva forma de ir al Cielo que antes no entendíamos… y que no consiste en ser lo suficientemente buenos ni en tratar de guardar la ley.  Dios dice que nos aceptará, purificará y llevará al Cielo si dejamos mediante la fe que Jesucristo nos limpie de pecados…” (Romanos 3:20-22).

Vemos pues como Dios envió a su Hijo Jesucristo para pagar por nuestros pecados –los tuyos y los míos- con su muerte en la Cruz.  Y habiendo pagado totalmente la culpa de nuestros pecados, resucitó de entre los muertos y ahora a tí y a mi nos ofrece como un regalo la vida eterna.  Con el simple hecho de reconocer nuestra necesidad de in divino Salvador, y de aceptar la expiación de Cristo por nuestros pecados y nuestra salvación, el problema de nuestro destino eterno se resuelve inmediatamente.

¿TIENES TÚ ESTA SEGURIDAD?

Si no la tienes, aquí mismo y ahora puedes lograrla. ¿Cómo? La Biblia dice, hablando de Cristo: “Pero a todos los que lo recibieron, a los que creen en su nombre, les concedió el poder de convertirse en hijos de Dios” (Juan 1:12).

¿Tú ya has recibido a Cristo?

Pero, ¿cómo?, te preguntarás todavía.

Bueno, permíteme aclarártelo haciendo una comparación entre tu vida y tu casa.  En el último libro de la Biblia, Jesús dice: Recuerda, yo estoy siempre a la puerta y llamo; si alguno escucha mi voz y abre la puerta, entraré y cenaré con él y él conmigo(Apocalipsis 3:20).

Ha llegado la hora de abrirle a Cristo la puerta de tu vida.  ¿De verdad quieres invitar a Jesús a  entrar y cambiar tu vida? ¿Estás dispuesto a poner tu fe y tu confianza en El y no más en tus propias obras?  Si es así, permíteme sugerirte que completes tu trato diciendo una oración en este sentido, para lo que puedes usar las palabras siguientes:

“Querido Dios, sé que soy pecador y no puedo salvarme por mí mismo.  Tú me amas y por eso enviaste a tu hijo, Jesús, a morir en la cruz por mis pecados.  Aquí y ahora mismo, te pido que perdones todos mis pecados y me hagas el regalo de la vida eterna.  Gracias, querido Dios, por oír y responder mis oraciones, y por darme la vida eterna como me prometiste que lo harías.  Amén”.

Por último, déjame recordarte lo que dice la  Biblia: “A vosotros que creéis en el Hijo de Dios os he escrito sobre estas cosas, para que sepáis que tenéis la vida eterna” (I Juan 5:13).


Fuente:

Arthur S. Demos

(1925-1979)

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